Comunicant

10 febrer 2017

naciobergueda

Organitzen una xerrada a Puig-reig sobre com parlar de la mort als infants

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La conferència del Servei d’Acompanyament en el Dol a la Catalunya Central serà l’11 de febrer a les 11.00 hores

La Junta del Servei d’Acompanyament en el Dol de la Catalunya Central organitzarà, aquest proper dissabte 11 de febrer a les 11.00 hores, una conferència titulada “Com parlar de la mort als infants“. Aquesta es farà a la Biblioteca Guillem de Berguedà, on es podran escoltar algunes recomanacions sobre com comunicar i parlar del concepte de la mort als infants i adolescents.

El prisma de la conferència serà en una doble vessant educativa. En primer lloc es farà pedagogia de la vida i de la mort sense trobar-se davant d’un fet concret. No obstant això, també es farà pedagogia del dol quan hi ha un succés que exigeix l’enfrontament al dolor. Respecte d’aquests dos casos es donaran orientacions pedagògiques i nombrosos recursos per facilitar l’educació d’un tema que, a vegades, ha destacat aquesta entitat, “costa d’afrontar a pares i professors”. La conferència anirà a càrrec del psicòleg clínic Carles Perarnau i Vidal, coordinador i terapeuta d’aquest servei.

Desitjo que us sigui útil ! 😉

L’Art de Ascensión Belart

4 gener 2017

Los que aman demasiado

En la práctica clínica en numerosas ocasiones me encuentro con mujeres que se entregan por completo a la relación de pareja y pierden su centro. Renuncian a vivir una vida centrada en ellas −incluso antes de haberla experimentado−, porque creen que es lo adecuado para que la relación funcione. Abandonan su propio mundo centrándose en el de su compañero y se olvidan de sus necesidades, deseos y objetivos personales, con el consecuente desgaste físico y emocional, y consiguiendo también perderse a sí mismas y que la relación se deteriore.

En su bést-seller Mujeres que aman demasiado Robin Norwood explica con detalle de dónde proviene esta dinámica y porqué hay tantas mujeres que encajan en este modelo, que no solamente está propiciado por los programas de socialización de roles, sino que en la mayoría de los casos se relaciona con una carencia de atención y amor en la infancia, principalmente del padre, aunque también de la madre.

El patrón que describe corresponde a un tipo de mujer que se siente atraída por un hombre que no la valora ni respeta, que no se interesa de verdad por lo que ella es y le ofrece. Una mujer que ama a alguien que no la corresponde y acepta una relación no recíproca, lo que indica una falta de consideración por su dignidad personal. Al tratar de obtener la atención de un hombre egoísta y distante que no se compromete y evita la intimidad se siente menospreciada; sin embargo, se ha identificado con esa manera de vivir y no le resulta interesante una relación más pacífica y tranquila.

La mujer que ama demasiado se siente hambrienta de amor y es adicta a las relaciones con hombres difíciles y emocionalmente inaccesibles, a quienes necesita como si fuesen una droga. Está «enganchada» al dolor emocional y a la excitación que proporciona la incertidumbre y la decepción, hasta el punto de pasar por alto o minimizar cualquier desengaño y de justificar incluso el maltrato o la traición. Él lo es todo para ella. Si bien muchas mujeres creen que esto es amor, en realidad se trata de una obsesión… y de una trampa peligrosa.

La principal motivación que subyace a esta «entrega desinteresada» es el evitar ocuparse de sí misma y evadir el propio dolor y vacío interior. En el fondo, existe un enorme vacío ante la propia soledad, y sin embargo involucrarse emocionalmente desde ese vacío interior sólo genera más vacío. La recuperación requiere precisamente estar sola, acoger los sentimientos que surjan, abrazar ese vacío interior y buscar con ahínco y determinación el propio camino.

En estos casos existe un serio problema de autovaloración y es bastante difícil superar esta dinámica sin tomar plena conciencia de ella y sin un buen apoyo terapéutico. Se trata de un proceso continuo de dejar de abandonarse y aprender a cuidarse, quererse y respetarse. Ante todo, se ha priorizar la propia recuperación y el compromiso con una misma. Trabajar el respeto y la autoaceptación, asumir los miedos y la propia vulnerabilidad porque ahí precisamente residen la fuerza y el coraje. Buscar el propio centro, la serenidad y la ecuanimidad, y para ello nada mejor que la soledad y la meditación. También se pueden retirar las proyecciones de su parte masculina, es decir, ejercitar y desarrollar aquellas características que le atraen del otro.

Dejar de amar demasiado consiste en empezar a ser una misma y no intentar ser quien el otro espera que sea, revelándose como se es, siendo auténtica. Para ello es inevitable recorrer el camino de la incertidumbre, la inseguridad y el miedo, y seguir adelante sola, aprendiendo a confiar en sí misma. Las mujeres que aman demasiado necesitan darse cuenta de que su pareja no puede ser el centro de su vida, porque ese centro reside en su interior. Para ello han de buscar apoyo a fin de aprender a amar, y también puede ayudarles conectar con su espiritualidad. Necesitan saber que las actitudes de dependencia, las exigencias, la posesividad, los celos, el control, la manipulación y el sufrimiento no son sinónimos sino distorsiones del amor, y que todos podemos aprender a vivir sin el otro.

Por su parte, los hombres que se embarcan en este tipo de relación necesitan mujeres que vivan por y para ellos porque se sienten débiles, inseguros y dependientes tras una aparente fuerza y seguridad. Son como niños que requieren de una «mamá» que esté pendiente de ellos, los controle, regañe y aconseje. Alguien que no les pierda de vista, a quien aman y odian a la vez, una mujer que les exaspere tanto como la necesitan, y a quien puedan castigar por ello.

Son hombres a quienes une una relación infantil con la madre, que buscan la protección, el cuidado y la admiración de su pareja. Afectuosos cuando tratan de conquistar, se muestran irresponsables de sí mismos y de la relación una vez lo han conseguido. Lo que buscan es ser amados, no amar. Cuando la mujer deja de responder como ellos necesitan, cuando dejan de admirarles y aceptar, por ejemplo, los flirteos con otras mujeres o reclama una vida propia, entonces se enfadan y se muestran resentidos. Lo que buscan en realidad es una madre complaciente y permisiva en la mujer, y no una relación madura.

Esta dinámica relacional se corresponde con el síndrome del “perseguidor-esquivo” y está habitualmente ligada al género aunque en realidad son papeles intercambiables que pueden variar en diferentes momentos a lo largo de una relación o en diferentes relaciones, pues todos, como es sabido, todos tenemos una parte masculina y otra femenina. Así, hombres y mujeres podemos funcionar de manera inversa, ellas huyendo y ellos persiguiendo.

Independientemente del género, hay hombres y mujeres adictos a las relaciones y/o al sexo que ven al otro como un objeto, y aunque en apariencia pudiera parecer todo lo contrario, en realidad huyen de la intimidad y del verdadero encuentro. Como necesitan su «dosis» ponen el cebo para que alguien «pique el anzuelo», se vuelcan en relaciones instantáneas en las que dejan de lado las propias necesidades. Se convierte al otro en el centro o «salvador» de la propia vida y se abandonan gradualmente a sí mismos. Se renuncia a la autodeterminación para no amenazar la relación y ambos aceptan funcionar como «medias naranjas». No se permiten abrirse a la vida o a los propios intereses porque eso pone en peligro el vínculo entre ambos. Se intenta ser quien el otro quiere que sea, es decir, hay coacción y control, no sólo de lo que el compañero hace sino de lo que dice, siente y piensa. Se llega a aceptar incluso ser culpable de cuanto no funciona, se manipula, seduce, amenaza y maltrata, llegándose en muchos casos a una relación verdaderamente destructiva.

Y es que en las relaciones de dependencia hay «amor» y odio, apego y rechazo, hostilidad abierta o encubierta, de modo que se llega al agotamiento, la confusión y la pérdida del propio centro. Cuando uno de ellos se siente «ahogado» por esta dinámica desencadena una pelea, lo que proporciona cierta distancia para recuperar el tiempo y espacio individual, algo que no se permiten cuando están «bien», ya que eso se vive como una traición, como desamor. Ante todo, se evita el encuentro con uno mismo y el propio proceso, de manera que cuando surgen discusiones y peleas se alejan uno del otro, pero el hecho de estar solos les genera angustia y malestar, por lo que vuelven repetidas veces a lo único que les importa: la relación. Y cada vez hay más muestras de exigencias, desgaste y erosión. Éste es el panorama y caldo de cultivo de muchas dinámicas de pareja, incluso entre gente muy joven, que degenera en una desvitalización y pérdida de la dignidad personal.

Es evidente que una relación no puede proporcionar lo que cada uno ha de darse a sí mismo. Estas relaciones codependientes dañan al niño interior y oscurecen la esencia. Cuando la relación termina por agotamiento se produce tal vacío y dolor que para evitarlo algunos se involucran inmediatamente en otra relación, y vuelta a empezar… hasta que uno se da cuenta de que vivir por y para el otro no conduce a nada. La búsqueda del amor a través del amor del otro, definitivamente, no funciona. Nunca se van a dar lo que no se pueden dar a sí mismos. En verdad, no podemos construir relaciones íntimas cuando no somos capaces de ser íntimos con nosotros mismos. La dependencia destruye la intimidad, y la necesidad de otra persona es dependencia, no amor. Cuando perdemos nuestro centro y nos centramos en el otro mantenemos una relación adictiva y codependiente. Nos «sacrificamos» por el compañero y la relación, dejamos de ser quienes somos y de hacer lo que deseamos, y luego pasamos factura y pretendemos que se nos recompense, que el otro haga lo mismo.

En realidad, nos servimos de la relación para no enfrentarnos a nuestros miedos, carencias y sentimientos de inadecuación personal. La intensidad de la atracción en la mayoría de los casos no es como se suele pensar una prueba de amor, sino de apego y del grado de carencia y necesidad que existe en las personas. Manifiesta la herida del niño interior, las carencias personales, el abandono al que está sometido, la falta de conexión con la esencia.

Recuperarse pasa por un largo proceso en que hay que afrontar la propia vida y soledad, el vacío y los sentimientos de inseguridad, y la falta de conexión con uno mismo. Muchas relaciones se basan en la fusión y el «enganche», siendo esto lo que la mayoría entiende por amor, cuando más bien se trata de relaciones patológicas y enfermizas. Cuesta romperlas, porque se está demasiado perdido, desconcertado y debilitado para poder salir de ellas. Se necesita tomar conciencia de que hay un trabajo por hacer, que es recuperar el centro y la dignidad personal. Qué importante, qué necesario es encontrar el propio centro, aquello que permanece inalterable incluso cuando todo alrededor cambia.

En primer lugar, hemos de responsabilizarnos de nuestra dependencia así como de lo que hemos permitido que nos hagan. Debemos abandonar el papel de víctimas, reconociendo y elaborando el dolor, la rabia, el miedo, la tristeza, la soledad. Otorgarse un tiempo y priorizar la recuperación, un proceso largo que dura un mínimo de entre dos y cuatro años, de lo contrario volveremos repetidas veces al mismo tipo de relación dependiente, en ocasiones en el rol de víctima y otras en el de verdugo, pero ése será el juego del eterno desencuentro.

Lamentablemente, vivimos en una sociedad adicta y codependiente en la que apenas existen modelos de relaciones sanas e interdependientes, aunque es cierto que cada vez somos más conscientes de cuál es el camino a seguir, lo que resulta muy alentador. Necesitamos romper esos patrones relacionales que hemos aprendido e interiorizado de anteriores generaciones que sólo conducen al desgaste, sufrimiento y pérdida de uno mismo, para poder acceder a un nuevo modelo de relación, un nuevo paradigma basado en el amor incondicional, el desapego, la libertad, la confianza y el respeto mutuo. En verdad, la única forma de romper esta dinámica de desencuentro pasa por desarrollar y priorizar la conexión con uno mismo.

Texto original © Ascensión Belart.